jueves, 13 de octubre de 2005

7 minutos para medianoche

Si dijera simplemente que nos quedan 7 minutos para que llegue el día del Juicio Final, más de uno se pondría histérico pensando en las cosas que le toca hacer antes de verse delante del Gran Jurado. Otros pensarían que me he vuelto loco de remate, pero en verdad, quedan 7 minutos para ese juicio. Mejor me explico.
En 1947 encargaron a la artista Martyl Langsdorf que ideara una portada para el Bulletin of the Atomic Scientists en la cual se representara el riesgo de las armas nucleares.
A Martyl, esposa de un científico que participó en el Proyecto Manhattan, se le ocurrió dibujar un reloj que marcara los minutos que nos quedaba a la humanidad para que todo esto se fuera al traste después de un hecatombe nuclear.
Desde entonces, un consejo de sabios van ajustando el reloj dependiendo de la evaluación de los riesgos a escala internacional. Así, si hay más riesgo, la manecilla de los minutos se acerca más a medianoche.
El punto de partida se situó a 7 minutos para la medianoche. Era el nacimiento de la guerra fría, con una URSS sacando pecho porque EE.UU había desarrollado la bomba atómica y la había usado en Hiroshima y Nigasaki para acelerar el final de la guerra (y evitar con ello que la URSS llegara a Japón a través primero de Korea). Un año antes, Kennan (un alto funcionario del Departament of State) escribía, bajo el pseudónimo “X”, The long Telegram donde describía el riesgo que suponía la URSS para el mundo libre y capitalista, así como daba algunas pautas para una política de los EE.UU. Era, por tanto, el inicio de una época donde el riesgo de destrucción de la humanidad era palpable.
Con el paso de los años el reloj se iba ajustando. El punto de partida se sitúo a 7 minutos para midnight; dos años más tarde se redujo a tan solo 3 minutos: la URSS había hecho sus primeros ensayos con bombas nucleares.
En 1953 el reloj se volvía a ajustar, a solo 2 minutos para medianoche: EE.UU y la URSS habían desarrollado mecanismos termonucleares, lo que suponía una apuesta por estas armas.
En 1960 el reloj volvió a su punto de partida, a 7 minutos del JF. En la década de los 60 el reloj llegó a situarse a 12 minutos de la medianoche, precisamente después de la crisis de los misíles de Cuba (1963): la superación de esta crisis supuso el inicio de un diálogo entre las dos potencias que terminó con la firma de un acuerdo de no proliferación. La irrupción de China como potencia nuclear (1968), supuso de nuevo un adelanto del reloj, hasta los 7 minutos para el JF.
La firma de varios acuerdos (de no proliferación ratificado por el Senado de los EE.UU y el SALT I y II) retrasan el reloj, hasta los 12 minutos (1972). Pero la llegada de la India al Club Nuclear en 1974 hizo que el reloj se adelantara a los 9 minutos.
En los 80, las acciones del terrorismo internacional, la guerra de Afganistán y la llegada de Regan a la Casa Blanca (con la famosa Guerra de la Galaxias que supuso triplicar el gasto en defensa de la superpotencia) hicieron que el reloj se situara a tan solo 3 minutos para el final.
Pero éste crecimiento en el presupuesto militar estadounidense hizo que la URSS no pudiera seguir el ritmo. La firma del tratado entre las dos potencias para eliminar parte del arsenal nuclear (1988), la caída del Muro de Berlín (1989) y los acuerdos STAR (Strategic Arms Reduction Treaty) posibilitaron que el reloj se situara en 1991 más lejos que nunca del final: a 17 minutos de la oscuridad postatómica. Pero la caída de la URSS trajo consigo la falta de control de los arsenales nucleares desimanados por todas las antiguas repúblicas soviéticas. En 1998, Pakistán hace público lo que ya tiempo a tras se sabía: poseía el arma nuclear, igual que su vecina y mayor rival, la India. El reloj pasó entonces a 9 minutos para la medianoche.
Finalmente en el 2002 se situó el reloj a 7 minutos para el final. Los ataques del terrorismo internacional, así como el rechazo de EE.UU a firmar más acuerdos para el control de sus arsenales, hace que el reloj se situara tal y como se había situara como hace casi 60 años. Curiosamente, el grupo de expertos evaluó el riesgo de la guerra de Irak, y llegó a la conclusión de que no había razones para adelantar el reloj que marca la llegada del Apocalipsis.
Así que hoy estamos a 7 minutos para medianoche. Sigue vigente la frase de Einstein: "I do not know with what weapons World War 3 will be fought, but World War 4 will be fought with sticks and stones".
Esperemos que la siguiente vez al reloj le toque retrasarse, pero es significativo que tras 60 años, con una guerra fría superada, pero con más actores nucleares, sigamos en el mismo punto de partida. Y todo pese a premios Nobeles recientes (éste artículo de Liberation no tiene desperdicio).
Otros enlaces: Nuclear Weapons Data y unos mapas publicados por la fundación Carnegie (copiado de asinosonlascosas)

viernes, 7 de octubre de 2005

A lo peor es que no sé escribir


Ando unos días de aquí para acá, con líos de todo tipo; llevo una semana sin leer la prensa, pecado capital y sin absolución; escucho la radio, porque para eso no hay que hacer esfuerzo, y veo algún noticiero por la caja tonta; y llevo una semana sin escribir una sola línea para mí. En cambio, escribo algo absurdo que es a qué me pienso dedicar los próximos cuatro años, Ministerio de Educación mediante. Es un coñazo de papeles, firmas....
He intentado escribir algo sobre las vallas de Ceuta y Melilla, y no he podido. Se me acumulan las ideas, no quiero caer en lo que ya se ha dicho, y termino pensando que para decir que inhumano es todo y que me quiero bajar, aunque sea en marcha, de todo esto.
Hace un rato que me he puesto a leer el blog de Rosa, que hoy se ha ido a un homenaje al maestro Navalón, antes de partir a Nueva York (Rosa, ya lo cuento porque ha salido en la prensa de Salamanca, gracias a Carmen Esteban). Rosa es la mejor cronista que puede haber (no te sonrojes, pero el canapero del otro día fue una pasada). Además me ayuda con frases taurinas, que son como una filosofía: “el toro bravo se crece en el castigo” o “no te preocupes, el ruedo es redondo, y terminan volviendo”. Y por si fuera poco, es la que me promociona droga dura: música.
Luego he saltado al blog de mi amigo Carlos, que me hace sonrojarme delante de ordenador cuando leo lo que me pone en un invento llamado Orkut que aún no he tenido tiempo de indagar (mi primer propósito era que una estona de tremendos ojos azules me aceptara como su amigo o para lo que ella quisiera...pero luego me han seducido otros ojos azules más reales y con acento del rio de Plata). Carlos ha posteado hoy acerca de un amigo suyo que iba por el mundo de nazi de boquilla, pero que, tras ver como pegaban a gente,
se ha dado cuenta de que él no puede hacer daño a nadie, y ha abandonado toda pretensión de arreglar (perdón, quise decir estropear) el mundo con violencia y palizas por doquier.
Me he parado un rato a leer el blog de Laura, una persona que escribe con una intimidad apabullante, tanto que a veces tengo la tentación de coger el teléfono y pedir permiso para profanar su intimidad. Pero recapacito porque tengo miedo de que me diga que hoy no toca leerla.
El último post hablaba del eclipse, de las sombras de un árbol y de una canción, Sleepy California, que llevaba escuchando tiempo, pero que no sabía de quién era. Yo en casos extremos acudo a mi amigo Tito, que es un hacha y se sabe todas las canciones. Una vez le tarareé una canción por el messenger y el campeón dio con ella. Algún día le pasaré el mail a Laura, quizá ella le ponga en un mayor aprieto.
Por cierto, ya me estoy bajando la canción...ya se sabe, para que no me manipulen y me forme la opinión por mi mismo. Todo esto porque ayer la afable señora del Mastiopiero (mi sitio preferido para cenar pizzas, criollas y dulce de leche, todas ellas tan argentinas como la dueña) me hecho una bronca de cómo tenía que ser un periodista. Menos mal que la soñara no se entero de que llevaba una semana si saber escribir.
Tras una parada en las voces de Laura, he saltado de nuevo al de esa señora al que uno le debe en esta vida todo y más. Todo porque su último post era sobre lo que yo quería escribir. A lo mejor yo exagero, pero me encanta cómo escribe.
Todos estos escriben como magos de las palabras, todos cronistas de la vida. Mientras, yo solo siento ansiedad por escribir algo, y no me sale. Lo del pánico al folio en blanco es mentira, porque yo lo lleno, pero de tonterías. Nada, estoy en crisis creativa. Tengo que hacer como hace la pintora de mi casa, que es castigar al lienzo cara a la pared.
Mientras escribo escucho a Ricardo Arjona, un tipo que me ha descubierto, como no, Rosa. No paro de escuchar una canción que se llama “historia de un taxi”. Éste tipo es como un poeta pero cantado. Tiene frases carne de SMS para sentenciar amores y conquistas.

Seleccionaré unas canciones, algo de éste Arjona con Algo de Calamaro, pero todas canciones de desgarro. Voy a ponerme a leer Juliano el Apostata, hasta que me conquiste Morfeo. Espero que me brinde un bonito sueño. Quizá que soy escritor...no... mejor: un simple poeta en el frente de la paz y con el amor en la retaguardia...

Pie de foto: Prueba de que no sé escribir es mi caligrafía ininteligible. Foto y cuaderno: MOEH

miércoles, 21 de septiembre de 2005

Kate Moss



A los 14 años colgué en la puerta de mi cuarto una pagina recortada de la revista MAN con una belleza montando en bicicleta. Luego, más tarde, me enteré de que esa belleza era Kate Moss, y vendría a rivalizar primero y luego a suceder a mi favorita Claudia Shiffer.
El mundo de las modelos es lo que es. Se prima la belleza, la fachada, el buen talle confundido con delgadez extrema e incluso la edad temprana. De esta manera pocas mortales se pueden poner los modelos que lucen estas diosas de la belleza, con tallas más propias de una muñeca Barbie. ¿Saben cual es la única profesión en el Mundo desarrollado dónde la desnutrición es crónica? Pues eso.
Reconozco que me deleito mirando las modelas en la pasarela Cibeles, en la semana de la moda de Barcelona, o la última colección de Armani, uno de mis favoritos. Pero de repente, la belleza que se trasluce en nuestras pantallas, se convierte en un mundo feo, sordido, oscuro, tildado de amoral, y todo porque la chica que posaba en bicicleta ha sido pillada metiéndose una raya de coca. A mi Kate me da pena, mucha pena.
Luego viene H&M que la pone patitas en la calle porque no corresponde a la imagen que quiere dar su marca a las adolescentes. Cuanta hipocresía: resulta que, una marca que fabrica la ropa en países donde se explota a las pobres Kate Moss de turno, no puede ser representada por ésta Kate Moss cocainómana. Resulta que a las adolescentes se las preserva del mundo de las drogas, pero al tiempo se las protege de saber, ya no condenar, que la monísima ropa que visten está hecha gracias a la explotación de otras adolescentes. La marca puede explotar a trabajadores en el tercer mundo, porque como eso no se ve, no ensucia su imagen. Sin embargo una guapa Kate Moss sobre un espejo esnifando es lo peor para su imagen.
Kate, coge tu bicicleta y pedalea rápido. Quizá te salves.

domingo, 18 de septiembre de 2005

Votar y ser ciudadano

Llevamos unos días con elecciones en bastantes sitios: desde Japón, haciendo escala en Nueva Zelanda, pasando por Egipto y llegando a la fría Noruega. Dentro de unas horas votaran en países tan lejanos y tan diferentes como Afganistán y Alemania. En uno, parafraseando a una amiga periodista, serán pesados con los resultados parciales y los sondeos de pie de urna. Los analistas se dejaran los sesos para ver con quien puede gobernar Shroeder (mi deseo y mi favorito) o si la Merkel (una retrógrada NeoTatcher) alcanza a tener los votos suficientes para formar gobierno junto a liberales y socialcristianos (como señalan los últimos sondeos). En Afganistán, la única preocupación de todos será ver con cuantos muertos termina la jornada electoral.
Soy un firme defensor de la democracia, pero lo de votar no garantiza nada. Tiene que ir acompañado de un estado de derecho sólido y un respeto escrupuloso a los derechos humanos. Entonces, podríamos empezar a alcanzar el ideal de democracia.
En una noche de éste verano, leí unas conferencias que dio T.H. Marshall en 1950, bajo el titulo Ciudadanía y clase social. Marshall sostiene que solo puede existir un ciudadano cuando se han desarrollado los tres tipos de derechos: los civiles, los políticos y los sociales. Para ello, nos trae a colación un repaso somero pero apasionante de la lucha y conquista histórica de estos derechos y la ampliación a distintas clases sociales dentro de las sociedades democráticas.
Para mi eso es democracia. Alcanzar no solo que elijas quien te gobierna, sino que tu tengas la seguridad de poder vivir y, quizá lo más importante, poder emprender libremente un proyecto de vida.
En la lista de países arriba señalados, se puede ver como en algunos brilla por su ausencia la inmensa mayoría de estos derechos, y las elecciones son solo un maquillaje y la perversión de un concepto, la democracia, por el que la gente ha dado su vida y ha ido conquistando cada día sus derechos.
Hay que luchar para que un día se cumpla la máxima de la Revolución Francesa: pasar de ser súbditos a ser ciudadanos.

domingo, 4 de septiembre de 2005

Mis pestilentes vecinos

Son las 5 de la mañana de un sábado cualquiera. Podría estar perfectamente de juerga. De hecho estuve fuera hasta hace una hora, pero esa es otra historia.
Cuando uno vuelve a su hogar y quiere dormir, le fastidia que alguien se haya acordado del vecino de arriba a estas horas. El primer intento de llamada suena como unas 20 veces. Respiro hondo el interlocutor fracasado cuelga. Pero he aquí que decidí volver a llamar. Otras 20 veces. Y lo peor es que el teléfono es un modelo más antiguo del que usaba el sensacional Gila. La gente con politonos, y estos vecinos míos con un vestigio de la dictadura en forma de ring ring.
No les tengo mucho aprecio a mis vecinos. Me despiertan continuamente, porque tienen la madera del parquet podrido. Podrido porque son unos guaros que acumulan mierda (estos es verídico, sólo tienen que asomarse desde las casas de enfrente para ver como tiene de llena la terraza con cacharros y porquería traídos de los contenedores de Madrid). Que digo yo, que tal y como estas los pisos, con esto de la especulación, por un piso como el suyo le deben de dar una pasta, ya así se pueden comprar un basurero para ellos solitos.
Lo del basurero, insisto, no es ficticio: uno no se puede subir con ellos al ascensor porque apesta. De hecho queda inutilizado el resto del día. Llegas con tu compra del Mascop y lees el cartel: “Ascenso averiado”. Y le preguntas al bueno del portero: “Miguel, ¿se ha vuelto a estropear el ascensor?” “¡No que va! es que han subido los del séptimo, y claro no quiero que se me muera nadie de la impresión.”
Hay más problemas...esta gente le da por cambiar los muebles (yo sospecho que es la basura) a las 3 de la mañana. Es más, a las 7, cuando has conseguido reconciliarte con Morfeo, los cabrones (me pongo así porque tengo el ring ring del teléfono clavado en la cabeza) deciden que hay que continuar jugando al Tetris con los muebles (o la basura), y ya te cagas en todo.
Mi venganza ha sido llamar del telefonillo cuando he vuelto a las 5 de la mañana. Pero claro, a ellos les da igual, porque a esas horas están jugando al Tetris tan felices.
Bueno y cuando es invierno uno ni estudia ni duerme porque tienen los radiadores sin purgar desde antes de que se pusieran. Que esta casa es del 36, así que imagínense los cuescos que se hecha la tubería.
Mientras escribo el teléfono sigue sonando. Al principio, entre llamada y llamada, tenía la esperanza de que por fin el cabrón lo dejara, y se diera por vencido: no hay nadie o se los han comido las ratas. Pero no: ya hago yo el calculo solito marcando mentalmente los nueve números y acierto con un margen de error de un segundo.
He decidido asomarme por la ventana del patio interior para ver donde van los cables del teléfono. No alcanzo el tendido del teléfono; si estuviera alguien en casa, me cogería de las piernas y con medio cuerpo fuera conseguiría corta los cables. También les dejaba sin tele. Pero no: paso de que encima me caiga y creen que me he suicidado. “Tenía un estrés acumulado”, diría otra vecina especializada en radio macuto, cotilla pero que me deja dormir. “A ver señora, no me joda, como no voy a tener estrés con la mierda vecinos que tengo arriba”, le contestaría desde el cielo. Porque yo voy directo al cielo. Con la paciencia que he tenido con los vecinos me lo merezco: esto es una prueba para ver si me gano el cielo, el Job del siglo XXI...bueno, eso y ser del Aleti, que digo yo tendrá puntos.
Si algún día me toca la lotería les compro el piso por el triple del precio. Mudarme de casa sería reconocer mi derrota. Por cierto, tengo que jugar a la lotería porque sino no toca.
Sospecho que mis vecinos no están en casa (que ojo, que maquina soy, ni Sherlock Holmes: después de hora y media sonando el teléfono sin que nadie lo coja...elemental querido Watson...La muerte la descartamos, porque mala hierba...).
Parece ser que el susodicho se ha dado por vencido, y ya lleva 5 minutos sin llamar.
Aunque sospecho que es lo que ha pasado: éste es el cabrón del vecino, que responde al nombre de Don Jaime (a la mierda la presunción de inocencia que me enseñó la de Derecho y la de Ética en la Facultad) que como no están (ni él ni los dos monstruos pestilentes de sus hijos de alrededor de 40 años) se ha dicho: vamos a joder al vecino de abajo...y dale que si me está jodiendo...
En fin, que creo que ya no va a llamar más. Me voy a la cama porque sospecho que el vecino es capaz de volver y organizarme una partida de Tetris con los muebles (o la basura) a las 8 de la mañana. ¡Qué tengan mejores vecinos que yo!
PS: Todo esto es verdadero. Perdonen por las palabras malsonantes, pero es que necesitaba desahogarme. Las faltas gramaticales y de ortografía son inexcusables, salvo hoy...entiéndanlo...solo tengo mi cabeza en el ring ring...

lunes, 29 de agosto de 2005

Palabras sin consuelo

La primera y única sevillana que aprendí, dice que "algo se muere en el Alma cuando un amigo se va”.
El alma se nos hace añicos, y cuesta recomponerla. En verdad, creo que nunca se supera, y convertimos el sentimiento de tristeza en una triste nostalgia cuando recordamos a los que un día nos dejaron.
“Cuando un amigo se va, va dejando una huella que no se puede borrar”, continúa diciendo la amarga y triste sevillana. El amigo, y sobre si es maestro de uno, deja una huella imborrable, un legado inconfundible, cómo lecciones magistrales de la Universidad de la Vida.
A mi adorable Rosa se le ha ido su gran amigo y maestro Alfonso. Y todo esto hoy le parecerán frases comunes que todo el mundo repite porque, realmente, ante una perdida como esta, sobran las palabras.

jueves, 25 de agosto de 2005

CdT: última página

Todo llega, y el cuaderno de Tánger se cierra. Quedan hojas sueltas que algún día pegaré.
El último lo día lo íbamos a dedicar, en teoría, a ver los alrededores de Tánger. Con ese propósito fuimos al faro de Malabata.Aparte de no ser un faro de construcción bonita, los alrededores estaban llenos de basura. Una combinación del aire, que hace que los plástico vayan a parar a los matorrales, junto a lo maleducada que es la gente al tirar todo lo que le sobra, hace que las colinas parezcan un vertedero.
No encontramos habitación para los cabecilla de los Solana, aparte de una habitación en el Continental. El Continental es un vestigio del Tánger internacional y, por tanto, con construcción colonial. Tras permanecer varios años cerrado, el Continental abrió sus puertas. En sus épocas doradas daba al pequeño puerto de la ciudad y a un paso estaba la entonces limpia bahía de Tánger donde estaba los balnearios, tales como el Yatching Club. Hoy ya no queda nada de ese puerto pequeño, convertido en un ir y venir de barcos para pasajeros y camiones con mercancías. La limpia bahía está sucia. Lo que un día fueron los jardines del Continental, hoy es un parking para “trucks”. A todo esto hay que sumar que, por estar en medio de la medina, es pesadamente accesible para los coches. El hotel intenta conservar el mobiliario y las comodidades de la época, como subir por unas empinadas escaleras hasta el cuarto piso, ya que los ascensores no se terciaban cuando se construyó.
Decidimos, por tanto, emprender viaje a la península esa misma tarde, pero no sin antes comer lo que se come los viernes, un cuscus. Para mí, el cuscus es como la paella: si lo como bien, y sino también. No entiendo como la gente se apasionar por platos así. Pero en fin, para gustos los colores.
Tras la despedida de los padres, nos dirigimos al puerto, para vivir la última aventura. La salida se anuncia a las 1900. El fast ferry Alcantara, de la española Transmediterranea, no llega hasta las 1930. En medio de una lluvia repentina, subimos al buque por el garaje. Y allí tenemos que esperar casi dos horas a que salga. Por si fuera poco, el barco está destartalado. Es una vergüenza que una compañía como la Transmediterranea tenga estos barcos en estas condiciones, más aún cuando en otros trayectos, como el de Algeciras-Ceuta, ponen los mejores buques. De hecho, yo mismo estrené el Alcantara cuando los sillones no se caían a pedazos y cubría ese trayecto. Parece ser que lo que no se quiere en otros sitios se lo tienen que comer otros.
Dejamos atrás Tánger, con su café Hafa (parece mentira que solo allá dos veces y no haya posteado sobre él), su Golf, su gente, su estrés, y su caída libre a la que la vieja ciudad lustrosa de antaño se resiste a culminar y siempre parece que puede retomar el vuelo.
Llegamos a unos viñedos de Ronda a las 4 de la mañana. Pero, de nuevo, esa es otra historia.

lunes, 22 de agosto de 2005

CdT: Rabat, de lo bueno lo mejor, de lo mejor lo superior

Estos últimos días no he tenido ni tiempo para postear. Me había propuesto contar poco a poco lo que iba viendo por Marruecos, pero he acompañado a los Solana y he restado tiempo a esto. Mereció la pena. Hoy ya desde, Madrid, cuento lo que me acuerdo y lo que quiero contar.
Rabat: después de conseguir nuestros segundo coche de alquiler (el primero solo nos llevó hasta Arcila, no le funcionaba el cuentakilómetros, pero lo peor es que no tenía claxón, elemento imprescindible en Marruecos, donde debes ir marcando tu presencia continuamente porque sino te la pegas o atropellas a alguien), bajamos en un Renault Clio hasta la capital.
Rabat debe de estar como a unos 230 kilómetros de Tánger; hasta este año, había que ir en grandes tramos por carretera de doble circulación . Hoy se puede ir a Rabat en poco más de dos horas, por una autopista de pago.
Sorprende a los que circulamos por carreteras españolas que en la autopistas apenas se corre. Como mucho te adelanta un coche a 140 Km/h. Sin duda la presencia de gendarmes y las fuertes multas (o conversiones a mordidas) que han de ser pagadas al instante, hace que la gente modere su velocidad.
Llegamos a las 14 a Rabat, y aparcamos enfrente del Parlamento, en la avenida Mohamed V, donde están edificios construidos durante el protectorado francés, como Correos y Telégrafos, en un estilo colonial.. Allí nos fuimos a comer a un italiano, quizá el más conocido de la capital que responde al poco original nombre de La Mamma Mía.
Tras una calurosa lasaña y demás pasta, nos lanzamos con todo el calor (no tanto como cabía esperar) a descubrir la medina de Rabat. En semana santa había estado ya allí, y me sorprendió lo limpia y agradable que estaba; además la gente está mucho más relajada que en Tánger, y no te acosan con el “pasa a mirar amigo”. Aquí, con los regateos oportunos, te tratan como un comprador, no como un gilipollas. Deberían de aprender los tangerinos de adopción que han ido convirtiendo esta ciudad pesada para el visitante, pesada incluso para el oriundo.
Las mercancías son las mismas, pero más baratas. Se encuentra lo mismo, salvo los uniformes que llevan los integristas. En Rabat apenas son visibles, y cuando le pregunté a un comerciante me dijo que por la medina sería difícil de encontrar. Aquí, en la capital, el integrismo religioso es menos visible que en el norte.
Terminamos en la Kasbah, para luego coger dos petit taxi para llegar a la Tour Hassan y al Mausoleo donde están enterrados Mohamed V y sus dos hijos, el Rey Hassan II y su hermano menor.
La torre y la que iba a ser la Gran Mezquita de Rabat, no terminó de construirse; un terremoto en el siglo XVIII terminó con cualquier espectativa de retomar el proyecto. Se dice que la torre fue construida por el mismo arquitecto que hizo la Giralda cuando era la Gran Mezquita de Sevilla y la Koutoubia de Marrakech.
El mausoleo estaba lleno de gente que se asomaba para ver las tumbas y oír al recitador del Corán, que lo está leyendo continuamente. El flash de las cámaras y el olor a incienso termina por configurar el paisaje habitual de éste lugar.
A las 17 horas asistimos a la retirada de la bandera realizadas por la guardia real que custodia el lugar. Es una ceremonia diaria, a toque de corneta, que termina con el plegado de la bandera que es escoltada por quienes la bajaron.
Otros dos petit taxi (yo ya me había pasado con mis ganas de ir andando a todas partes) nos lleva hasta el Mechuar, auténtica ciudad dentro de Rabat, donde se encuentra el Palacio Real y la presidencia del gobierno. Después de ir deambulando de puerta en puerta, y de identificarnos ante un policía seguidor del barça, llegamos hasta la entrada de palacio, rodeados de increíbles avenida arboladas y con parques impolutos con lustroso césped. Terminamos saliendo por la magnífica puerta de los Embajadores, por donde deben de entrar los embajadores camino de coger su acreditación ante el Rey.
Ya en el Bulima, tomando un café, Natalia acierta a decir que “Rabat es el otro Marruecos”. Rabat es una ciudad que merece la pena ser conocida.
Larache: Maldita la hora que se me ocurrió entrar a la ciudad que vió, hace años, nacer a Concha Velasco y en 1929 al gran escritor Luis Martín-Santos para ir a cenar a la Casa de España; no la encontramos, pero a cambio nos dimos un estresante paseo por unas avenidas llenas, atestadas de gente. “Si quieres conduzco yo” le propuse a Fernando, ya que estoy más acostumbrado a sortear viandantes salidos de todas partes. "A mi me gusta éste desorden, más que el orden de Rabat", me consuela. En un día nos llevamos dos retratos de una misma realidad: una ciudad como Rabat, ordenada y civilizada, a una ciudad con un orden caótico.
Nuestra incursión termina en fracaso, y sin cenar, nos retiramos a Tánger, donde nos esperaba, de improviso, el último día.

Fotografías: Arriba: Vista de la torre Hassan. Abajo: Autoretrato de Natalia y servidor, en el Boulevard Mohamed V. El edificio rojo que aperece en el fondo es el parlamento. Fotografías: Moeh.

miércoles, 17 de agosto de 2005

CdT: mis invitados felices...

Di un salto al otro lado del Estrecho para pasar un fin de semana en la Duquesa; de paso me bajé a Natalia y a sus padres. Era la primera vez que saltaban a éste lado del Estrecho. “Me lo estoy pasando muy bien, me fascina me encanta”, me dice Natalia desde una cama donde está reponiendo fuerzas mientras yo escribo, al son de la chica de ayer de Nacha Pop.
El verano de Tánger es un puro contraste; sorprendidos mis mdayfin (invitados) de que por aquí haya más mujeres descubiertas y vestidas a lo “occidental”. Esto es verano, y aquí hay influencias de todos lados.
Todo parece que está bien. Lo pasa uno en grande cuando enseña su ciudad a gente que se conforma con todo, que está encantada y que se amolda a todo. Un diez para los Solana & Aliende. Si no nos da tiempo a ver más, amenazan, afortunadamente, con volver; y como nunca se ve todo lo que uno quiere...
Sonidos: el primer día que desembarcas en Tánger estás tan cansado que no oyes la llamada a la oración cuando amanece. Pero el segundo día, el sonido disconforme de todas las mezquitas de Tánger te despierta; no es un sonido atronador, sino más bien relajante. Sabes que son alrededor de las cinco de la mañana, que quedan horas de sueño. Son cinco minutos, hasta que deja de sonar la llamada de la mezquita más retardada.
Está mañana, llamadas a la oración aparte, me ha despertado el “lejiyoooooooo” del vendedor ambulante de lejía artesanal; hay otros días que pasa el del pescado ofreciendo boquerones y sardinas dejando una estela incofundible "d´odeur a poisson" (expresión tomada de Nata); y no podría faltar la flauta del afilador de cuchillos.
Arcila: ayer tuvimos la suerte de estar en Arcila, un pueblo, convertido en ciudad, quizá el más limpio de Marruecos y con la gente más agradable.
Lo malo es que los turistas, que haberlos hay los, pero harían falta más, suben el precio de las cosas, porque con el estándar europeo todo parece barato.
Sin más por hoy, porque el tiempo en la ciudad del cielo protector apremia.

viernes, 12 de agosto de 2005

CdT: las playas

Las playas atlánticas de Tánger son de fina arena, agua casi siempre brava y raramente caliente. Estas playas están a unos 15 kilómetros de la ciudad, y se tarda como unos quince minutos en llegar. Hasta hace unos años la carretera era un peligro: muy estrecha y con un firme más bien deteriorado. En los últimos años se ha mejorado el trazado y se ha añadido alumbrado y asfaltado nuevo.
A los lados de la carretera te encuentras a niños de diez a quince años vendiendo piñones que recolectan de los impresionantes bosques de pinos que hay por los ardedores. Con el dinero que sacan ayudan a su familia y compran los libros y los utensilios para el año escolar siguiente.
Dejando a la derecha el cabo Spartel, la primera playa que te sorprende es la de Sol. Recibe su nombre del Bar Sol, en el que un día se servía pescado frito y todo tipo de bebidas. Hoy en día es un decrépito edificio cerrado que sigue presidiendo su playa.
Con la mejora de la carretera llegó a estas playas el transporte público, y con ello más bañistas. La playa de la ciudad no es muy recomendable para el baño, ya que las cloacas y el puerto se encargan de ensuciarlas.
En verano, a parte de pocos tangerinos (genuínos somos pocos y en extinción), Sol se llena de emigrantes venidos de toda Europa y de gentes del sur que huyen del calor de esas latitudes. Todo ello hace que estas playas estén a rebosar, sin llegar a la horterada de Benidorm. En ella encontramos a gente de todo tipo. Podemos decir que es una playa popular.
Una estampa, cada vez menos frecuente, es la de las mujeres bañándose vestidas, para evitar lo supuestamente escandaloso de un bañador. Sin embargo consiguen el efecto contrario, ya que se podría organizar un concurso de camisetas mojadas. Cada vez más las mujeres lucen modelos de bañador parecidos a los que nos podemos encontrar en cualquier lugar de Europa.
Sol, mi preferida en cuanto a fisonomía, está separada de la siguiente playa por rocas y dunas. Comienza Bal Kasem, playa con el mismo tipo de gente que la anterior. Se observa ya un pequeño cambio: la construcción de un feo complejo de apartamentos con forma de plaza de toros.
La gente en estas dos playas se divierte jugando al fútbol. Las porterías se improvisan con dos montículos de arena. Los límites del campo son las voces que los jugadores dan cuando consideran que ya se ha ido demasiado lejos para disputar un balón. Los equipos se organizan de manera improvisado. Si hay sitio, se entra a jugar. No está vetada la entrada a nadie. Tras media hora de darle patadas descalzo a un balón de fútbol, los pies enrojecen y aumentan de tamaño. Cuando se enfría de los golpes ya no sabes ni andar.
Por estas playas se pasean vendedores ambulantes con refrescos, frutos secos, galletas y hasta garbanzos cocidos. Dos manjares particulares: higos chumbos que venden las jibliyas (aldeanas de los alrededores) y el “jali” que es una especie de dulce enrollado en un gran palo que el vendedor va cortando y vendiendo por trozos.
Estas playas han sido poco cuidadas por la gente, que tiraba lo que le sobraba al suelo. Al acabar el verano tenía un aspecto desolador, que solo lo remediaba las grandes mareas. Sin embargo, sin llegar a merecer la bandera azul, cada año están más limpias, no porque la gente se haya concienciado, sino porque se han puesto cuadrías de limpieza y cubos de basura.
En Bal Kasem, vi hace unos años una patera que había tenido que volver del viaje al norte por el mal tiempo. Era una embarcación endeble que no transmitía ninguna seguridad. En su interior había bidones vacíos de gasolina y ropas abandonas de sus pasajeros. La inmigración ilegal es otro triste uso de estas bellas playas, aunque la distancia y las corrientes de las mismas hace que las mafias prefieran las del Mediterráneo.
Bal Kasem tiene una gran longitud que llegaría hasta un acantilado de no ser por la primera barrera que separa a los playeros.
Detrás de un muro endeble de cañas se encuentra la playa de Robinson, reservada para los clientes y socios del complejo hotelero del mismo nombre. Robinson es frecuentada por la clase media alta de la sociedad tangerina. Esta playa no se diferencia de las que puedas encontrar en el litoral español, salvo porque aquí es imposible encontrar un topless. Es una playa cuidada e impecable, ya que el complejo sobrevive de su explotación. Áquí la bandera azul sería indudable.
Si en la playa vecina las porterías se hacían con montículos de arena, en esta hay porterías fijas con el campo delimitado. Al lado dos pistas de volley playa, con arbitro incluido. Los equipos son ya menos espontáneos que antes.
Cuando entras en esta playa, ves como hay gente que se está midiendo y preguntando quién es quien y qué lugar ocupa dentro de la sociedad.
Robinson acaba en un acantilado. Allí se encuentran las famosas grutas de Hércules, lugar de destino para turistas que soportan como el guía les cuenta a todos la misma leyenda del héroe griego.
Cierra todas estas playas la llamada playa de la Reina, donde está el complejo más exclusivo de todos: Le Mirage.
Todas estas playas, como hemos visto, tienen su público particular; cada uno aspira a estar en la playa siguiente, como símbolo de que ha escalado en la sociedad: es más fácil pasar las dunas que el muro de cañas; aún así éstas son endebles. Cada paso de una playa supone un ascenso.
Sea como fuere como mejor están es en el mes de septiembre, cuando ya están vacías y solo hay locos surferos y algún que otro perro vagabundo.