Esa horterada puede venir de los disfraces de los contrayentes. En todas las bodas a las que he asistido, de distinta índole, cultura y condición, a los esposados se les viste de manera horrible, de tal manera que solo se salvan aquellos que en su día a día tiene un gusto muy superior a los demás. Encima los complementos no invitan al buen gusto: piénsese solo en el ramo de flores.

Pero ni siquiera estos que previenen la horterada con su gusto pueden hacer frente a los invitados: ¡Esa corbata del mejor amigo del novio! ¡Esos moños de las madres! ¡Ese maquillaje de lagarterana de la amiga de la novia! ¡Ese vestido a modo de envoltorio de bombón -- lazo incluido -- con el que se afea la más guapa! Siempre hay un invitado que da la nota.
Luego puede que la horterada venga en forma de comida , con la tarta y la espada de Toledo con la que se arman marido y mujer para cortar -- o destrozar --sus consecutivos pisos. Y si ya todo van orden y no hay ningún incidencia ni falta de gusto, ya vendrá del dj de turno a poner paquitoc el chocolatero o la orquesta en directo a tocar el 'ya bent bladi'.
Por eso las bodas que tienen más gusto son las que se celebran por poderes.
Y vosotros, mis queridos 14 lectores, os preguntaréis a que viene este ataque. Sencillo: razón primera, no tengo boda -- ni propia no ajena -- a la vista; razón segunda: he visto este post en Ziza.ru y me han dado ganas de despotricar contra las bodas.